
XF llegó con una marca de mucha personalidad y un encargo claro: convertir un local comercial común en un estudio de maquillaje con identidad propia, divertido, femenino y con carácter. El espacio no podía ser neutro; tenía que verse y sentirse como la marca desde el primer vistazo.
El reto principal fue de programa contra metros. Había que meter mucho en un local de dimensiones limitadas: un área especial para novias, un estudio fotográfico, una barra de café y espacios de convivencia, además de las estaciones de maquillaje. Todo eso, sin que el lugar se sintiera saturado.
A la falta de metros se sumaba la necesidad de que el espacio fuera tan fotogénico como funcional. En un estudio de maquillaje, el lugar mismo es parte del producto: las clientas lo viven, lo fotografían y lo comparten. La estética no era un lujo, era parte del negocio.
Cada zona, además, tenía exigencias distintas: el área de novias pedía intimidad y un fondo bonito para las fotos; el estudio fotográfico, luz y fondo controlados; la barra de café, un lugar cómodo para esperar. Resolverlas todas juntas en pocos metros era el verdadero rompecabezas.


La jugada clave para ganar espacio fueron los tapancos. Al incorporar estos niveles intermedios, duplicamos los metros cuadrados utilizables del local y conseguimos que cupieran todas las funciones sin amontonarse. El programa completo encontró su lugar gracias a crecer hacia arriba, no hacia los lados.
Para la identidad, tomamos los arcos y las formas orgánicas como elemento rector del diseño. Estas curvas suavizan la arquitectura, eliminan la rigidez del local original y crean una atmósfera más fluida y envolvente. Nada se siente esquinado ni frío.
La paleta y los materiales rematan el carácter de la marca: color rosa, microcemento, lambrines, cristal e iluminación cuidada que hacen el espacio cálido, femenino y luminoso. Cada acabado refuerza la personalidad divertida que XF quería transmitir.
El resultado es un espacio que funciona para trabajar y, al mismo tiempo, se ve increíble en cámara. Forma, función e identidad de marca quedaron resueltas en el mismo gesto.
XF quedó como un estudio de maquillaje con una identidad inconfundible, donde el área de novias, el estudio fotográfico, la barra de café y las estaciones conviven sin estorbarse. Lo que parecía un local chico se transformó en un espacio amplio, funcional y lleno de personalidad.
Para la marca, el espacio se volvió un activo en sí mismo: un lugar que las clientas disfrutan, fotografían y recomiendan, y que refuerza la imagen de XF en cada visita.
Los proyectos comerciales con programa apretado y fuerte carga de marca son justo donde más rinde una mirada integrada: resolver los metros con arquitectura, con los tapancos, y la identidad con interiorismo, con arcos, color y materiales, todo en un solo proyecto.

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