
Para una familia conocida del despacho, diseñamos las recámaras de sus hijos: espacios personalizados que reflejaran la personalidad y los intereses de cada niño, sin caer en una estética excesivamente infantil. El encargo era hacer cuartos que se sintieran suyos hoy y que siguieran funcionando mañana.
El reto fue darle a cada habitación una identidad clara y distinta. Una más femenina, otra con un carácter más masculino, cada una con su propio lenguaje, pero ambas dentro de una misma calidad de diseño y sin estridencias.
Y sobre todo, tenían que durar. Los gustos de un niño cambian rápido; el diseño tenía que poder acompañarlos a lo largo de varias etapas de su crecimiento sin verse infantil en un par de años. La atemporalidad, en cuartos para niños, era el verdadero reto.


Resolvimos cada cuarto a partir de la personalidad de quien lo habita, traduciéndola en arquitectura y no solo en decoración. Así, la identidad de cada espacio vive en sus formas y sus acabados, no en objetos que se quitan o pasan de moda.
En la habitación de carácter más masculino apostamos por la madera y por un muro que es a la vez protagonista y juego: un punto de carácter que el niño usa y disfruta. La paleta cálida y sobria la hace sentirse propia sin volverse infantil.
En la más femenina trabajamos con arcos, nichos, papel tapiz y dobles alturas que crean rincones para leer, jugar y guardar. Las formas suaves y la luz le dan un aire de refugio, con espacios que invitan a habitar cada esquina.
La iluminación indirecta y los detalles a medida amarran las dos recámaras: son distintas, pero claramente del mismo proyecto y de la misma casa. Cada decisión se pensó para crecer con sus dueños.
El resultado fueron espacios funcionales, atemporales y llenos de personalidad, pensados para acompañar a cada niño en distintas etapas de su crecimiento. Cuartos que se sienten suyos sin quedarse anclados a una edad.
Para la familia, el proyecto resolvió algo difícil: darle a cada hijo un espacio con identidad propia sin que las recámaras compitieran entre sí ni con el resto de la casa. La misma mano, dos personalidades.
Diseñar para niños con criterio de arquitectura (formas, luz, dobles alturas) en vez de solo decorar es lo que hace que un cuarto dure. Esa mirada de largo plazo es parte de cómo entendemos el interiorismo.

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