
HER atravesaba un rebranding completo, y este proyecto fue la pieza para aterrizarlo: traducir su nueva identidad visual a uno de sus espacios más representativos, su flagship en Polanco. El reto era que el espacio contara la nueva historia de la marca a la primera.
El punto de partida era una imagen que ya no servía: las sucursales anteriores se sentían frías y clínicas, lejos de lo que la marca quería transmitir. Había que alejarse por completo de esa estética y construir algo cálido, sofisticado y moderno.
La amplitud del local en Polanco era una oportunidad: daba espacio para desarrollar una experiencia más completa y fluida, no solo un salón funcional. La meta era una flagship que se sintiera como un destino, y que además no pasara de moda en un par de temporadas.
Había también un matiz delicado: el espacio tenía que verse aspiracional sin sentirse inaccesible. Cálido y de alto nivel a la vez, para que la clienta se sintiera consentida desde que cruza la puerta.


Partimos de la nueva paleta de la marca y del perfil de sus clientas para definir el carácter del espacio: cálido, femenino y sofisticado, en las antípodas de lo clínico. Cada decisión buscó cercanía, no distancia.
Los materiales hacen el trabajo. Pintura tipo limewash que aporta profundidad y textura, lambrines de mosaico que dan un aire artesanal y humano, madera e iluminación indirecta que envuelve. Las curvas y las formas orgánicas suavizan la arquitectura y vuelven el recorrido fluido.
La amplitud nos permitió componer una experiencia completa: estaciones, hair bar, áreas de tratamiento y rincones de espera con vegetación, todo conectado por una misma atmósfera. El espacio se vive, no solo se usa.
Elegimos materiales atemporales y duraderos a propósito, para que la flagship siga vigente con los años. Este proyecto lo desarrollamos en colaboración con NKN Studio.
HER quedó con una flagship que transmite calidez, sofisticación y modernidad, y que se aleja por completo de la imagen fría de antes. El rebranding encontró su mejor carta de presentación en un espacio físico a la altura.
Para la marca, el proyecto fijó el estándar: un lenguaje de diseño claro y replicable que puede llevar a sus demás espacios. De hecho, lo aplicamos también en su sucursal del Pedregal, manteniendo la misma esencia en un local más chico.
Traducir una identidad de marca a un espacio físico es de lo que más disfrutamos: que quien entra sienta la marca sin necesidad de leer un logo. Ahí el interiorismo deja de ser decoración y se vuelve estrategia.

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