
El proyecto partió de un departamento completamente vacío en Polanco: cuatro paredes y la oportunidad de diseñar cada espacio desde cero. Los clientes, que llegaron por recomendación, querían una vivienda funcional y cómoda, hecha a la medida de su forma de vivir, no un departamento genérico.
El encargo incluía un requerimiento poco común y muy bonito: un espacio para la práctica musical. Tenía que permitir tocar el piano sin molestar a los vecinos, pero sin quedar aislado del resto de la casa como un cuarto sellado. La música debía convivir con la vida diaria, no esconderse de ella.
Y como todo partía de cero, el reto era de coherencia: que la distribución, el mobiliario, los acabados y la iluminación se pensaran como un solo proyecto y no como decisiones sueltas. Una casa a la medida se nota cuando todo conversa.


Hicimos una planeación integral del departamento: definimos la distribución, el mobiliario a medida, los acabados y la iluminación como un todo, para aprovechar cada metro y darle a cada área un propósito claro. Nada quedó como relleno.
Para la música, diseñamos un área con consideraciones acústicas específicas que controla la transmisión del sonido sin aislar el espacio por completo. El piano puede sonar sin invadir a los vecinos y, al mismo tiempo, sigue siendo parte de la casa. Lo volvimos protagonista del diseño interior, no un mueble escondido.
El resto del departamento se construyó alrededor de esa idea de hogar con carácter: madera, líneas limpias y una paleta cálida que dan continuidad a los espacios y hacen que la vivienda se sienta personal sin perder el orden.
El mobiliario a medida fue decisivo. Al diseñar el guardado, los libreros y las piezas a la medida de cada rincón, el departamento aprovecha cada metro sin verse saturado, y cada elemento responde a cómo se usa de verdad la casa. Es la diferencia entre amueblar un espacio y diseñarlo para quien lo habita.
El resultado es una vivienda totalmente personalizada, donde funcionalidad, confort y expresión personal conviven de manera armónica. Cada espacio responde al estilo de vida de quienes lo habitan, y el instrumento, lejos de competir con el diseño, se volvió parte de su identidad.
Diseñar desde cero nos permitió cuidar lo que muchas veces se deja al final: cómo se mueve la luz, cómo se guarda lo cotidiano y cómo conviven una pasión personal y la vida diaria bajo el mismo techo. Eso es lo que distingue un departamento entregado llave en mano de uno simplemente amueblado.
Los departamentos diseñados desde cero, con mobiliario a la medida, son una buena muestra de cómo trabajamos: pensar la casa completa y resolverla bajo una sola firma, en vez de decorarla por partes. Aquí arquitectura e interiorismo trabajaron juntos desde el primer trazo, alrededor de lo que de verdad importaba para esta familia.

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