
Transformar una habitación dentro de una vivienda en un consultorio funcional, acogedor y con identidad propia. El espacio de 30 m² era parte de un entorno doméstico, y lo que se necesitaba era que al cruzar la puerta se sintiera como un lugar de trabajo completamente distinto, sin que esa transición se leyera como abrupta o forzada.
El reto estaba en que el consultorio transmitiera confianza y profesionalismo, pero también calidez: un lugar donde los pacientes se sintieran tranquilos y bien recibidos desde el primer momento, no como en una clínica fría.


A través de una cuidadosa selección de materiales, iluminación y distribución, logramos un ambiente cómodo, cálido y agradable. El lambín de madera en formas orgánicas se convirtió en el elemento central del diseño: aporta carácter, textura y una sensación de abrigo que ningún acabado liso podría dar en un espacio tan compacto.
Aprovechamos al máximo cada metro cuadrado, creando una experiencia completamente distinta al entorno doméstico que lo rodeaba. Desde la recepción hasta el área de consulta, cada decisión respondió a una sola idea: que el paciente se sintiera bien ahí.
Un consultorio de 30 m² con identidad propia, completamente distinto al entorno doméstico en el que está. El lambín de madera en formas orgánicas y la iluminación cálida construyeron un ambiente donde los pacientes se sienten tranquilos y bien recibidos desde el momento en que entran.

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