
La familia que habita esta casa en San Jerónimo quería actualizarla sin reinventarla. La vivienda tenía buenos elementos y una personalidad propia que valía la pena conservar; el encargo no era una transformación radical, sino una puesta al día inteligente.
El reto estaba en el equilibrio. Había que modernizar la imagen, mejorar la funcionalidad y refrescar los espacios, pero sin borrar lo que ya le daba carácter a la casa. Aprovechar lo existente, no tirarlo, fue la regla del proyecto.
Dentro de ese marco, dos áreas pedían una intervención de fondo: la cocina, que se rediseñaría por completo, y la terraza, poco aprovechada y necesitada de una actualización integral.
San Jerónimo es una zona de casas con metros y con historia, donde tirar y rehacer rara vez es la mejor decisión. El valor de una casa así está en buena parte en lo que ya tiene; el proyecto tenía que sumarle, no borrarle.


Trabajamos sobre lo que ya existía, sumando intervenciones precisas en vez de una demolición general. Esa decisión nos permitió actualizar la casa cuidando el presupuesto y respetando los elementos originales que le daban personalidad.
La cocina se concibió completamente desde cero, pensada para funcionar mejor y darle a la casa un corazón contemporáneo. Es la intervención más visible del proyecto y la que más cambia el día a día de quienes la habitan.
La terraza, que estaba desaprovechada, se renovó por completo para volverla un espacio que de verdad se usa y se disfruta. En las áreas privadas hicimos mejoras puntuales de acabados, iluminación y detalle que refrescan los ambientes sin alterar su esencia.
La iluminación fue un hilo conductor: con ajustes de luz, la casa se siente más actual y cálida, y los espacios renovados dialogan con los que se conservaron, sin que se note la costura entre lo nuevo y lo de antes.
El resultado fue una vivienda renovada, más funcional y visualmente coherente, que mantiene gran parte de los elementos originales que le daban personalidad. La casa se siente actual sin haber perdido su identidad.
Para la familia, el proyecto demostró que modernizar no significa empezar de cero: con una cocina nueva, una terraza recuperada y mejoras puntuales bien pensadas, la casa entera cambió de tono.
Las renovaciones que respetan lo existente son de las más delicadas: piden saber qué conservar, qué cambiar y dónde concentrar el esfuerzo. Es el tipo de criterio que un despacho de arquitectura e interiores aporta de principio a fin.

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