
El encargo fue diseñar una oficina que reflejara la esencia y los valores de la práctica profesional de una abogada especializada en temas ambientales. No bastaba con un espacio de trabajo funcional: tenía que transmitir cercanía, profesionalismo y una fuerte conexión con la naturaleza, sin que esos conceptos se sintieran forzados ni decorativos.
El reto estaba en la sutileza. Una oficina ambiental puede caer fácilmente en lo literal o en lo genérico. Había que integrar esa identidad de manera elegante, en 40 m², donde cada metro tenía que justificar su lugar entre lo público y lo privado de la práctica.


La propuesta se desarrolló a partir de una paleta de tonos claros, iluminación indirecta y una presencia constante de vegetación natural, generando un ambiente luminoso, tranquilo y acogedor desde la entrada.
El elemento central del proyecto es una celosía con jardineras integradas que funciona como divisor entre las áreas públicas y privadas de la oficina. Además de aportar privacidad y organización al espacio, esta pieza se convirtió en el elemento distintivo del diseño: resuelve un problema de layout y, al mismo tiempo, es la pieza que mejor cuenta la identidad ambiental del despacho.
La vegetación no quedó como acento aislado: acompaña la circulación completa de la oficina, reforzando la misma idea en cada zona del espacio.
La oficina transmite cercanía, profesionalismo y conexión con la naturaleza sin necesidad de un solo elemento literal o decorativo de más. La celosía con jardineras se volvió el punto distintivo del diseño y refuerza la identidad ambiental del despacho ante quienes lo visitan.
El resultado es un espacio luminoso, tranquilo y organizado, donde la división entre lo público y lo privado se resuelve con una sola pieza que también es la protagonista visual de la oficina.

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